"Dejar de ayudar a otros es dejarme matar": la palabra de una sobreviviente al atentado a AMIA

El 18 de julio de 1994 me convertí en sobreviviente”, relató Ana Weinstein, sobreviviente del atentado a AMIA. Continuó: “Yo trabajaba allí hace varios años. Ese día, entramos con Mirta, mi ayudante, al edificio de Pasteur. Eran las nueve menos 10. Subimos a nuestra oficina y apenas me senté, se apagó la luz. Empezaron a generarse ruidos, como de cosas cayendo. No entraba en nuestras cabezas la idea de un atentado”.

Weinstein contó en IP Noticias, con Melina Fleiderman, cómo salvó su vida: “Con los ruidos, me acordé de Mirta, quise ir a ayudarla. Pero alguien me agarró la mano en la oscuridad y me dijo: “No sigas, no hay más piso”. Así salvé mi vida, gracias a esa persona. Pudimos abrir una puerta que llegaba una terraza y salimos a respirar mejor. El cuerpo estaba ahí, pero había una retracción de la comprensión de lo que está sucediendo”. 

También detalló una imagen que le dio esperanza: “En la terraza vi a una jovencita amamantando un bebé: eso significó vida. Porque si mirabas para abajo veías a las víctimas”. Destacó que “el odio no es ningún jueguito” y que “lleva a comprar ideas terroristas que derivan en la acción a aniquilar a otros”.

Los padres de Weinstein son ambos sobrevivientes del Holocausto. Cuando su madre se enteró del atentado, dijo: “Nunca pensé que a una hija mía la iban a querer matar por judía”. Weinstein analizó: “Ese es el pensamiento de una persona que cree que el mundo iba a ser mejor después del Holocausto. Yo me comprometí a no dejarme matar. Entendí que si dejo de ayudar a otros, que si dejo mi rol en AMIA, que si no ayudo a reflexionar, es como dejarme matar; y eso no lo voy a permitir”.

La explosión de aquella bomba arrastra consigo varias secuelas: “Está en mi cabeza todo el tiempo. Escuchar ruidos fuertes me da miedo”. Pero concluyó: “Las imágenes me duelen, pero no me paralizan. Paralizarnos es darles el gusto. Sin embargo, lo que más me duele es la falta de justicia”.

Podés ver IP Noticias, conducido por Melina Fleiderman, los sábados y domingos a las 13:00.

 

"Dejar de ayudar a otros es dejarme matar": la palabra de una sobreviviente al atentado a AMIA

El 18 de julio de 1994 me convertí en sobreviviente”, relató Ana Weinstein, sobreviviente del atentado a AMIA. Continuó: “Yo trabajaba allí hace varios años. Ese día, entramos con Mirta, mi ayudante, al edificio de Pasteur. Eran las nueve menos 10. Subimos a nuestra oficina y apenas me senté, se apagó la luz. Empezaron a generarse ruidos, como de cosas cayendo. No entraba en nuestras cabezas la idea de un atentado”.

Weinstein contó en IP Noticias, con Melina Fleiderman, cómo salvó su vida: “Con los ruidos, me acordé de Mirta, quise ir a ayudarla. Pero alguien me agarró la mano en la oscuridad y me dijo: “No sigas, no hay más piso”. Así salvé mi vida, gracias a esa persona. Pudimos abrir una puerta que llegaba una terraza y salimos a respirar mejor. El cuerpo estaba ahí, pero había una retracción de la comprensión de lo que está sucediendo”. 

También detalló una imagen que le dio esperanza: “En la terraza vi a una jovencita amamantando un bebé: eso significó vida. Porque si mirabas para abajo veías a las víctimas”. Destacó que “el odio no es ningún jueguito” y que “lleva a comprar ideas terroristas que derivan en la acción a aniquilar a otros”.

Los padres de Weinstein son ambos sobrevivientes del Holocausto. Cuando su madre se enteró del atentado, dijo: “Nunca pensé que a una hija mía la iban a querer matar por judía”. Weinstein analizó: “Ese es el pensamiento de una persona que cree que el mundo iba a ser mejor después del Holocausto. Yo me comprometí a no dejarme matar. Entendí que si dejo de ayudar a otros, que si dejo mi rol en AMIA, que si no ayudo a reflexionar, es como dejarme matar; y eso no lo voy a permitir”.

La explosión de aquella bomba arrastra consigo varias secuelas: “Está en mi cabeza todo el tiempo. Escuchar ruidos fuertes me da miedo”. Pero concluyó: “Las imágenes me duelen, pero no me paralizan. Paralizarnos es darles el gusto. Sin embargo, lo que más me duele es la falta de justicia”.

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El 18 de julio de 1994 me convertí en sobreviviente”, relató Ana Weinstein, sobreviviente del atentado a AMIA. Continuó: “Yo trabajaba allí hace varios años. Ese día, entramos con Mirta, mi ayudante, al edificio de Pasteur. Eran las nueve menos 10. Subimos a nuestra oficina y apenas me senté, se apagó la luz. Empezaron a generarse ruidos, como de cosas cayendo. No entraba en nuestras cabezas la idea de un atentado”.

Weinstein contó en IP Noticias, con Melina Fleiderman, cómo salvó su vida: “Con los ruidos, me acordé de Mirta, quise ir a ayudarla. Pero alguien me agarró la mano en la oscuridad y me dijo: “No sigas, no hay más piso”. Así salvé mi vida, gracias a esa persona. Pudimos abrir una puerta que llegaba una terraza y salimos a respirar mejor. El cuerpo estaba ahí, pero había una retracción de la comprensión de lo que está sucediendo”. 

También detalló una imagen que le dio esperanza: “En la terraza vi a una jovencita amamantando un bebé: eso significó vida. Porque si mirabas para abajo veías a las víctimas”. Destacó que “el odio no es ningún jueguito” y que “lleva a comprar ideas terroristas que derivan en la acción a aniquilar a otros”.

Los padres de Weinstein son ambos sobrevivientes del Holocausto. Cuando su madre se enteró del atentado, dijo: “Nunca pensé que a una hija mía la iban a querer matar por judía”. Weinstein analizó: “Ese es el pensamiento de una persona que cree que el mundo iba a ser mejor después del Holocausto. Yo me comprometí a no dejarme matar. Entendí que si dejo de ayudar a otros, que si dejo mi rol en AMIA, que si no ayudo a reflexionar, es como dejarme matar; y eso no lo voy a permitir”.

La explosión de aquella bomba arrastra consigo varias secuelas: “Está en mi cabeza todo el tiempo. Escuchar ruidos fuertes me da miedo”. Pero concluyó: “Las imágenes me duelen, pero no me paralizan. Paralizarnos es darles el gusto. Sin embargo, lo que más me duele es la falta de justicia”.

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