A 28 años del atentado a la AMIA, el mayor ataque terrorista de la historia argentina

En el número 633 de la calle Pasteur de Buenos Aires aún resuenan los ecos del horror. Año tras año, cada 18 de julio, la herida abierta de ese día frío y soleado de 1994 renueva su dolor.

Fue a las 9:53 de la mañana cuando la carga explosiva detonada sembró desolación y muerte, demolió la casa de la comunidad judía de Buenos Aires y sumergió a la sociedad  en la indignación y el espanto. La memoria de las 85 víctimas mortales del mayor atentado terrorista perpetrado en Argentina -sin resolución judicial efectiva a la vista-, permanece viva.

"Para nosotros el 18 de julio son todos los días del año. Cada vez que se da un nuevo aniversario en la comunidad general se potencia el recuerdo y el reclamo, pero para nosotros los familiares de personas que fallecieron en el atentado son todos los días de nuestras vidas”, afirmó Luis Chichewsky, familiar de una de las víctimas del atentado.

Los rescatistas

A 28 años del atentado terrorista a la AMIA, el exbombero Fernando Souto detalló su trabajo como rescatista aquel día:

"Se escuchó la explosión y la radió empezó a volar de llamados. Puede encontrar a tres sobrevivientes en  medio de los escombros. Había gente ahogandose en la parte de adelante y fui hasta ahí para intentar rescatarlos. Estabámos trabajando en eso cuando se empezó a ver mucho polvo y nos avisaron que había un derrumbe y nos teníamos que ir. Habíamos alcanzado a verle la mano a un sobreviviente, así que le dimos una lintera, el reloj de un compañero y le prometimos que íbamos a volver a buscarlo. Después de muchas horas pudimos sacarlos y ver que alguien salía con vida fue una esperanza", recordó.

El médico Carlos Russo contó cómo recuerda lo que sucedió aquel 18 de julio de 1994:

"En ese momento trabajaba en el Hospital Pirovano y mandamos muchas ambulancias. Bajamos a atender a las personas atrapadas, la situación era extrema. Todavía recuerdo que cuando salí de la AMIA una señora me abrazó y me dijo 'muchas gracias por lo que están haciendo'".

El actual director del SAME, Alberto Crescenti, conmemoró: "Cuando llegué había tonenaladas de escombro en donde antes estaba un edificio. Sabíamos que había gente abajo y que teníamos que sacarla. Tiempo después, en un acto aniversario un hombre me tiró del brazo y me dijo: 'Con este brazo me salvaste de entre los escombros'. Fue emocionante". 

Testigos del horror

Natalia aquella mañana de julio estaba de compras en Once cuando explotó una bomba en la AMIA. "Ese día estaba a tres cuadras de la AMIA, fue terrible el ruido que se escuchó. No entendía qué estaba pasando, cuando llegué a mi casa lo encontré a mi papá mirando la televisión y llorando, porque sabía que yo estaba en Once. Ahí entendí de lo que había salido".

Laura, otra testigo, recordó: "Cuando explotó la bomba tembló toda mi casa, yo vivía en Munro. En la radio dijeron que era un atentado en la AMIA. Las imágenes eran horribles, había gente llorando, escombros, los rescatistas buscando dentro de los escombros. Fue espantoso". 

La palabra de una sobreviviente

Anita Weinstein trabajaba en la AMIA cuando ocurrió la explosión. Sobre aquella mañana de julio, señaló:

"Apenas llegué, empezó todo el horror. Nos tiramos al piso, estaba todo oscuro y no podíamos respirar. Empecé a caminar hasta que alguien me tomó de la mano y me dijo que no siga porque no había piso. Eso me salvó. El trabajo de los rescatistas me emociona, tuvieron la fortaleza de subir, correr las piedras, los escombros, pusieron sus vidas en peligro para buscar a los que estaban atrapados".

A 28 años del atentado a la AMIA, el mayor ataque terrorista de la historia argentina

En el número 633 de la calle Pasteur de Buenos Aires aún resuenan los ecos del horror. Año tras año, cada 18 de julio, la herida abierta de ese día frío y soleado de 1994 renueva su dolor.

Fue a las 9:53 de la mañana cuando la carga explosiva detonada sembró desolación y muerte, demolió la casa de la comunidad judía de Buenos Aires y sumergió a la sociedad  en la indignación y el espanto. La memoria de las 85 víctimas mortales del mayor atentado terrorista perpetrado en Argentina -sin resolución judicial efectiva a la vista-, permanece viva.

"Para nosotros el 18 de julio son todos los días del año. Cada vez que se da un nuevo aniversario en la comunidad general se potencia el recuerdo y el reclamo, pero para nosotros los familiares de personas que fallecieron en el atentado son todos los días de nuestras vidas”, afirmó Luis Chichewsky, familiar de una de las víctimas del atentado.

Los rescatistas

A 28 años del atentado terrorista a la AMIA, el exbombero Fernando Souto detalló su trabajo como rescatista aquel día:

"Se escuchó la explosión y la radió empezó a volar de llamados. Puede encontrar a tres sobrevivientes en  medio de los escombros. Había gente ahogandose en la parte de adelante y fui hasta ahí para intentar rescatarlos. Estabámos trabajando en eso cuando se empezó a ver mucho polvo y nos avisaron que había un derrumbe y nos teníamos que ir. Habíamos alcanzado a verle la mano a un sobreviviente, así que le dimos una lintera, el reloj de un compañero y le prometimos que íbamos a volver a buscarlo. Después de muchas horas pudimos sacarlos y ver que alguien salía con vida fue una esperanza", recordó.

El médico Carlos Russo contó cómo recuerda lo que sucedió aquel 18 de julio de 1994:

"En ese momento trabajaba en el Hospital Pirovano y mandamos muchas ambulancias. Bajamos a atender a las personas atrapadas, la situación era extrema. Todavía recuerdo que cuando salí de la AMIA una señora me abrazó y me dijo 'muchas gracias por lo que están haciendo'".

El actual director del SAME, Alberto Crescenti, conmemoró: "Cuando llegué había tonenaladas de escombro en donde antes estaba un edificio. Sabíamos que había gente abajo y que teníamos que sacarla. Tiempo después, en un acto aniversario un hombre me tiró del brazo y me dijo: 'Con este brazo me salvaste de entre los escombros'. Fue emocionante". 

Testigos del horror

Natalia aquella mañana de julio estaba de compras en Once cuando explotó una bomba en la AMIA. "Ese día estaba a tres cuadras de la AMIA, fue terrible el ruido que se escuchó. No entendía qué estaba pasando, cuando llegué a mi casa lo encontré a mi papá mirando la televisión y llorando, porque sabía que yo estaba en Once. Ahí entendí de lo que había salido".

Laura, otra testigo, recordó: "Cuando explotó la bomba tembló toda mi casa, yo vivía en Munro. En la radio dijeron que era un atentado en la AMIA. Las imágenes eran horribles, había gente llorando, escombros, los rescatistas buscando dentro de los escombros. Fue espantoso". 

La palabra de una sobreviviente

Anita Weinstein trabajaba en la AMIA cuando ocurrió la explosión. Sobre aquella mañana de julio, señaló:

"Apenas llegué, empezó todo el horror. Nos tiramos al piso, estaba todo oscuro y no podíamos respirar. Empecé a caminar hasta que alguien me tomó de la mano y me dijo que no siga porque no había piso. Eso me salvó. El trabajo de los rescatistas me emociona, tuvieron la fortaleza de subir, correr las piedras, los escombros, pusieron sus vidas en peligro para buscar a los que estaban atrapados".

En el número 633 de la calle Pasteur de Buenos Aires aún resuenan los ecos del horror. Año tras año, cada 18 de julio, la herida abierta de ese día frío y soleado de 1994 renueva su dolor.

Fue a las 9:53 de la mañana cuando la carga explosiva detonada sembró desolación y muerte, demolió la casa de la comunidad judía de Buenos Aires y sumergió a la sociedad  en la indignación y el espanto. La memoria de las 85 víctimas mortales del mayor atentado terrorista perpetrado en Argentina -sin resolución judicial efectiva a la vista-, permanece viva.

"Para nosotros el 18 de julio son todos los días del año. Cada vez que se da un nuevo aniversario en la comunidad general se potencia el recuerdo y el reclamo, pero para nosotros los familiares de personas que fallecieron en el atentado son todos los días de nuestras vidas”, afirmó Luis Chichewsky, familiar de una de las víctimas del atentado.

Los rescatistas

A 28 años del atentado terrorista a la AMIA, el exbombero Fernando Souto detalló su trabajo como rescatista aquel día:

"Se escuchó la explosión y la radió empezó a volar de llamados. Puede encontrar a tres sobrevivientes en  medio de los escombros. Había gente ahogandose en la parte de adelante y fui hasta ahí para intentar rescatarlos. Estabámos trabajando en eso cuando se empezó a ver mucho polvo y nos avisaron que había un derrumbe y nos teníamos que ir. Habíamos alcanzado a verle la mano a un sobreviviente, así que le dimos una lintera, el reloj de un compañero y le prometimos que íbamos a volver a buscarlo. Después de muchas horas pudimos sacarlos y ver que alguien salía con vida fue una esperanza", recordó.

El médico Carlos Russo contó cómo recuerda lo que sucedió aquel 18 de julio de 1994:

"En ese momento trabajaba en el Hospital Pirovano y mandamos muchas ambulancias. Bajamos a atender a las personas atrapadas, la situación era extrema. Todavía recuerdo que cuando salí de la AMIA una señora me abrazó y me dijo 'muchas gracias por lo que están haciendo'".

El actual director del SAME, Alberto Crescenti, conmemoró: "Cuando llegué había tonenaladas de escombro en donde antes estaba un edificio. Sabíamos que había gente abajo y que teníamos que sacarla. Tiempo después, en un acto aniversario un hombre me tiró del brazo y me dijo: 'Con este brazo me salvaste de entre los escombros'. Fue emocionante". 

Testigos del horror

Natalia aquella mañana de julio estaba de compras en Once cuando explotó una bomba en la AMIA. "Ese día estaba a tres cuadras de la AMIA, fue terrible el ruido que se escuchó. No entendía qué estaba pasando, cuando llegué a mi casa lo encontré a mi papá mirando la televisión y llorando, porque sabía que yo estaba en Once. Ahí entendí de lo que había salido".

Laura, otra testigo, recordó: "Cuando explotó la bomba tembló toda mi casa, yo vivía en Munro. En la radio dijeron que era un atentado en la AMIA. Las imágenes eran horribles, había gente llorando, escombros, los rescatistas buscando dentro de los escombros. Fue espantoso". 

La palabra de una sobreviviente

Anita Weinstein trabajaba en la AMIA cuando ocurrió la explosión. Sobre aquella mañana de julio, señaló:

"Apenas llegué, empezó todo el horror. Nos tiramos al piso, estaba todo oscuro y no podíamos respirar. Empecé a caminar hasta que alguien me tomó de la mano y me dijo que no siga porque no había piso. Eso me salvó. El trabajo de los rescatistas me emociona, tuvieron la fortaleza de subir, correr las piedras, los escombros, pusieron sus vidas en peligro para buscar a los que estaban atrapados".

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